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10 puntos para saber si tu sitio web está bien hecho

Celular mostrando un sitio web rodeado de íconos de revisión, algunos con palomita y otros con señal de alerta
septiembre 3, 2026

No es que tu sitio web esté mal hecho. Es que probablemente estaba bien hecho hace tres años, y nadie lo ha vuelto a ver con ojos de hoy.

Los sitios no se rompen. Se quedan. Sigue cargando, sigue viéndose igual, sigue diciendo lo mismo. El que cambió fue tu negocio, y el que cambió fue el de enfrente.

Y ahí está lo incómodo: nadie te va a avisar. Ningún cliente te va a escribir para decirte que tu página lo hizo dudar, que los precios estaban viejos, o que la de tu competencia se veía mejor. Solo se va, y tú ves un mes flojo sin saber por qué.

Estos 10 puntos los puedes revisar tú mismo, hoy, desde el celular, sin llamarle a nadie. Están ordenados por lo que más le cuesta a un negocio. Al final hay un semáforo para saber qué hacer con el resultado.

1. ¿Para qué existe tu sitio, y lo está haciendo?

Antes de revisar nada, contesta esto en una frase: ¿qué tiene que pasar en tu sitio para que valga lo que cuesta?

Para una clínica es que agenden cita. Para un despacho es que llenen el formulario. Para un distribuidor es que le llamen o le manden WhatsApp. Para una tienda es que compren. Ojo, “vender más” no es un objetivo, es un resultado. El objetivo es la acción concreta que lleva a esa venta.

Si tardaste en contestar, ese ya es el hallazgo. Un sitio sin una acción definida termina construido para explicar quién eres (historia, misión, valores, un carrusel bonito) en lugar de para ayudarle al visitante a hacer esa única cosa.

Ahora la prueba: abre tu home en el celular y cuenta los segundos hasta encontrar esa acción. Si tú, que sabes dónde está, tardas más de cinco, un desconocido con prisa no la encuentra.

Y la pregunta que duele: ¿cuántas veces pasó eso el mes pasado? No necesitas el número exacto, pero si no tienes ni idea aproximada, tu sitio no le está rindiendo cuentas a nadie.

Tu sitio no tiene que gustar. Tiene que hacer que pase una cosa específica, y tú deberías poder nombrarla en una frase.

2. Manda un mensaje tú mismo, ahorita

Saca tu celular, entra a tu sitio como si fueras un cliente, llena el formulario con tu correo personal y manda. Luego haz lo mismo con el botón de WhatsApp.

Cronometra. ¿Llegó el aviso? ¿A quién le llegó? ¿Está en spam? ¿Salió un “gracias, te contactamos pronto” o la página se quedó viendo al techo?

Pasa muchísimo que el formulario “funciona” y los avisos nunca llegan a nadie. He visto buzones con meses de solicitudes que ninguna persona abrió. No necesitas saber por qué pasa. Necesitas saber que pasa, y decirlo.

El estudio de MIT e InsideSales encontró que contactar a alguien a los 5 minutos en vez de a los 30 multiplica por 21 las probabilidades de que ese contacto avance. Harvard Business Review midió un promedio real de 42 horas de respuesta, y un 23% de empresas que nunca contestan.

Haz la cuenta con tus propios números. Si inviertes 20 mil pesos al mes en publicidad y una de cada diez solicitudes se pierde, ahí van 2 mil pesos mensuales que pagaste por un cliente que nunca supiste que tenías.

El sitio más bonito del mundo no sirve si el mensaje no llega a un ser humano que conteste.

3. ¿La información que dice es la de hoy?

Este punto no tiene nada de técnico y es el que más seguido está mal.

Recorre tu sitio con una lista en la mano: dirección, teléfono, horarios, servicios que sí das hoy, precios, formas de pago, nombres del equipo, fotos del lugar. ¿Todo eso es cierto en septiembre de 2026?

Los casos que veo una y otra vez: la oficina se cambió hace dos años y el mapa manda a la anterior. El sitio ofrece un servicio que ya no dan y llegan puras llamadas para eso. Los precios subieron 30% y la página sigue mostrando los viejos, así que cada llamada empieza con una decepción. Hay una sección de “Promoción de temporada” que dice diciembre.

Es la fricción más barata de quitar y la que más confianza cuesta. Un dato viejo no se lee como un descuido. Se lee como un negocio que ya no está muy activo.

Cada dato desactualizado en tu sitio es una razón para dudar de ti antes de conocerte.

4. Ábrelo al lado del de tu competencia

Esta es la prueba más honesta y nadie la hace. Abre tres pestañas en el celular: tu sitio y los dos competidores que más te preocupan. Pasa de una a otra como pasaría un cliente que está comparando.

No te preguntes cuál te gusta más. Pregúntate: si yo no supiera nada de estas tres empresas, ¿con cuál me sentiría más seguro dejando mi dinero?

Un sitio se ve viejo por señales concretas, no por gusto: fotos de banco de imágenes que todos usan, texto amontonado sin espacio para respirar, botones chiquitos, un carrusel que se mueve solo, tipografía que se ve de plantilla de 2016. Si vendes ropa y la competencia tiene fotos limpias con modelo y tú tienes fotos sobre una mesa con la luz de la bodega, esa comparación ya la perdiste antes de hablar de precio.

Pide una segunda opinión a alguien que no trabaje contigo. Tú ya no puedes ver tu propio sitio, lo has visto mil veces.

Tu sitio no compite contra tu sitio de hace tres años. Compite contra la pestaña de al lado, ahorita.

5. ¿Aguanta el celular?

En México, 97.3% de las personas que usan internet se conectan desde un teléfono, según la ENDUTIH 2025 del INEGI. O sea, la versión que tú ves en tu computadora es la que casi nadie ve.

Dos revisiones, cinco minutos.

Primera: abre tu sitio con datos móviles, no con wifi, y cuenta hasta que aparezca el contenido principal. Si pasas de tres segundos, tienes un problema. Puedes confirmarlo en PageSpeed Insights, donde lo único que importa es el bloque de datos de usuarios reales (el círculo de colores de arriba es una simulación en condiciones perfectas). Solo 55.9% de los sitios que mide Google están en buen nivel ahí.

Segunda: usa tu sitio con una sola mano, como lo usa cualquiera. ¿Alcanzas los botones con el pulgar? ¿Tienes que hacer zoom para leer? ¿El menú abre bien? ¿Se te va el contenido de lado?

La lentitud se paga dos veces: en gente que se va antes de ver tu oferta, y en publicidad más cara, porque Google te cobra más por mandar tráfico a una página lenta.

Si tu sitio no está pensado para una mano, un pulgar y una pantalla chica, no está pensado para tu mercado.

6. Búscate en Google como te buscaría un cliente

Tres búsquedas, en modo incógnito para que no te salga lo que Google ya sabe que te gusta.

Busca el nombre de tu empresa. Debe salir tu sitio primero, con la descripción correcta y sin texto raro.

Busca tu servicio principal más tu ciudad, como lo diría un cliente. No como lo dices tú. La gente no busca “soluciones integrales de climatización”, busca “reparación de minisplit en Aguascalientes”.

Y escribe site:tudominio.com para ver cuántas de tus páginas tiene Google guardadas. Si tienes 40 páginas y aparecen 5, algo las está bloqueando (muchas veces una casilla que quedó activada desde que el sitio estaba en construcción y nadie quitó el día del lanzamiento). Si aparecen 400, tienes basura ocupando el lugar de lo importante.

Publicar una página y que Google la tenga son dos cosas distintas, y solo la segunda te trae clientes.

7. ¿Se llega en tres clics a lo que te da dinero?

Entra a tu home y cuenta cuántos toques necesitas para llegar a tu servicio más rentable. Si son más de tres, está enterrado.

Ahora abre el menú y léelo con ojos de desconocido. ¿Los nombres dicen algo? “Soluciones”, “Portafolio” y “Nosotros” no dicen nada. “Diseño de cocinas”, “Precios” y “Cómo trabajamos” sí.

Revisa también si tus páginas se recomiendan entre ellas. Si alguien está leyendo tu blog sobre cómo elegir un piso de madera, ahí debería haber una liga a tu página de instalación de pisos. Si termina de leer y no tiene a dónde ir, lo perdiste con la tarea a medias.

Un ejemplo de lo mismo aplicado a tiendas: casi siempre las categorías están armadas como está organizado el almacén, no como busca el cliente. Lo desarrollo en por qué tu tienda en línea no vende.

La página que más te deja no debería estar a cuatro clics de la portada.

8. ¿Cualquiera puede usarla, no solo alguien con buena vista?

No es un tema de norma ni de buena voluntad. Es que las cosas que bloquean a una persona con problemas de vista son las mismas que estorban a un cliente normal en el mundo real.

La medición anual de WebAIM sobre un millón de páginas encontró texto con contraste insuficiente en 83.9% de ellas. Ese gris clarito sobre blanco se ve elegante en tu monitor y es ilegible en un celular bajo el sol de mediodía, que es exactamente donde está tu cliente cuando busca tu teléfono.

Tres revisiones concretas: ¿el texto se lee sin forzar la vista? ¿los botones son lo bastante grandes para dedos normales? ¿el precio y el teléfono están en texto de verdad, o están dentro de una imagen que nadie puede copiar ni pegar?

Y no estamos hablando de un público chiquito. 57.8% de las personas de 65 a 74 años en México ya usa internet. Mucha de esa gente tiene con qué comprar y ninguna paciencia para adivinar dónde le picas.

Si tu cliente no puede leer tu precio o tocar tu botón, el diseño falló aunque se vea bonito.

9. ¿De qué eres dueño, en serio?

Esta es la que sale más cara y la que nadie revisa hasta que ya es tarde.

No pienses en contratos. Haz la prueba: intenta entrar tú, ahorita, a cinco lugares. El dominio. El hosting. El administrador del sitio. La analítica. Y el correo donde llegan los avisos de renovación.

Lo que veo seguido: el dominio está a nombre del sobrino que ayudó al principio, el hosting vive dentro de la cuenta de la agencia anterior (que luego quiere cobrar para liberar la cuenta), y la analítica está en el Gmail personal de alguien que ya no trabaja ahí. Todo funciona perfecto hasta el día que quieres cambiar de proveedor, y ese día descubres que no estás negociando un servicio, estás negociando un rescate.

Hay una versión peor y es más común de lo que parece: el dominio se vence, el aviso llegó a un correo muerto, y el sitio desaparece un martes cualquiera. Con todo y correos de la empresa.

No eres dueño de lo que no puedes abrir tú solo, sin pedirle permiso a nadie.

10. ¿Quién responde si algo se rompe, y cuánto cuesta al año?

Dos preguntas de dueño, no de programador.

Primera: si tu sitio deja de cargar un sábado a las 8 de la noche, ¿a quién le escribes y en cuánto te contesta? Si la respuesta es “le marco al muchacho que lo hizo, a ver si contesta”, no tienes mantenimiento.

Segunda: ¿cuánto pagas al año para que siga prendido? Suma hosting, dominio, correo y licencias. Casi nadie tiene ese número, y casi siempre incluye cosas que ya no se usan.

Importa porque un sitio sin mantenimiento no se cae, se infecta. Y cuando eso pasa lo normal no es que deje de funcionar, es que empiece a servir páginas de spam que tú nunca ves, hasta que Google lo detecta y te marca en los resultados. GoDaddy detectó 834,661 sitios infectados en 2025, y 35.2% de esas detecciones fue justamente spam metido en sitios ajenos. Recuperar ese tráfico toma meses.

Un sitio sin alguien responsable no es un ahorro. Es una factura que todavía no llega.

El semáforo: qué hacer con tu resultado

Cuenta cuántos de los 10 puntos fallaste.

Verde: 0 a 2 fallas

Tu sitio está bien. Lo que necesitas es mantenerlo y medirlo, no rehacerlo. Si alguien te propone empezar de cero, te está vendiendo horas, no una solución. Pon fecha en el calendario para repetir esta revisión en seis meses y ya.

Amarillo: 3 a 5 fallas

Rescatable, y casi siempre conviene rescatarlo antes que rehacerlo. Arregla en este orden: primero el punto 2 (que los mensajes lleguen), luego el 3 (información al día), luego el 1 (que la acción principal esté clara y a la vista). Ese orden no es capricho. Primero dejas de perder lo que ya te llega, después dejas de decepcionar al que llega, y al final empiezas a contar para poder decidir con datos.

Rojo: 6 o más fallas

Aquí el cálculo cambia. Cuando al mismo tiempo la información está vieja, el diseño se ve atrasado frente a la competencia y ni siquiera controlas las cuentas, cada arreglo se topa con el anterior y terminas pagando tres veces por parches que se estorban. En ese escenario rehacerlo sale más barato que repararlo, y esa conclusión se defiende mucho mejor frente a tu socio con los 10 puntos contados que con una corazonada.

Sin importar tu color, haz el punto 2 hoy mismo. Mandarte un mensaje a ti mismo toma dos minutos y es el único de los diez que puede estar costándote clientes esta misma semana.

Si quieres que revisemos los 10 puntos sobre tu sitio real y te digamos con honestidad si conviene arreglarlo o rehacerlo, cuéntanos de tu proyecto aquí.

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